Los ¿Reyes? Magos

Reyes Magos
Los conocidos como Reyes Magos aparecen únicamente en el evangelio de Mateo. Específicamente, en Mateo 2:1-12 se describe la visita de los Magos de Oriente pero sin especificar un número concreto. Éstos, guiados por una estrella, llegan a Belén para adorar a Jesús niño y le ofrecen tres regalos: oro, incienso y mirra. Mateo no sólo no especifica el número de magos, sino que tampoco menciona sus nombres ni da más detalles sobre ellos y su supuesta realeza.

Los nombres Melchor, Gaspar y Baltasar aparecen en el evangelio Armenio de la Infancia, un texto apócrifo que los expertos, basándose en su estilo literario, su contenido y su relación con otros escritos similares, datan no antes del siglo V. Su fiabilidad histórica es, por tanto, más que cuestionable.

Sin embargo, desde un punto de vista teológico, la simbología de los regalos que los magos ofrecen a Jesús es más que interesante:

  • El oro simboliza pureza y riqueza y, por tanto, realeza. Al ofrecer oro, los Magos reconocen a Jesús como rey, subrayando su soberanía y el hecho de que, aunque nacido en humildad, es el verdadero rey de los judíos, el Rey de reyes y el Mesías esperado que gobernaría espiritualmente sobre su pueblo y, por extensión, sobre todo el mundo.
  • El incienso es una resina aromática que se quemaba en ceremonias religiosas, especialmente en el templo, como ofrenda a dios y, por tanto, representa la divinidad de Jesús. Al ofrecer incienso, los Magos reconocían que Jesús no era solo un rey terrenal, sino también dios en forma humana, digno de adoración y alabanza.
  • La mirra es una sustancia utilizada para perfumar y embalsamar cuerpos, asociada con el sufrimiento y la muerte. Este regalo simboliza la humanidad de Jesús y su futuro sacrificio. Al ofrecer mirra, los Magos anticipaban que Jesús sufriría y moriría por la salvación de la humanidad y, en un contexto más amplio, también apunta a su victoria sobre la muerte a través de su resurrección al tercer día después de su crucifixión.
Toda una declaración de intenciones a la que el saber popular no presta atención y que ha quedado oculta tras el folclore anual del 5 y el 6 de enero.


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